Fiestas para todos

Quienes me conocen saben que no soy, ni he sido nunca, aficionado a las fiestas locales de Moros y Cristianos. Desde bien pequeño he sufrido alguna clase de extraña alergia hacia todo tipo de fiestas populares y patronales, de manera que adelanto que la opinión de este artículo es, por supuesto, muy subjetiva.

Dicho esto, no son las fiestas el tema sobre el que quiero escribir, sino uno de sus síntomas: los cuartelillos. Basta con darse una vuelta por el casco antiguo de Petrer para descubrir la abundancia de letras B que identifican los cuartelillos festeros. Habiendo vivido durante muchos años en el centro del pueblo, y teniendo como tengo ahora cuartelillos debajo, al frente, detrás y al lado de casa, sé muy bien lo que supone sufrir uno de estos locales cerca cuando no se es festero. No estoy en contra de la fiesta, pero creo que tanto derecho tienen unos a disfrutarla como tienen otros a su salud y descanso.

La Comisión Europea tiene un interesante informe sobre los efectos que produce el exceso de ruido sobre la salud, y que van mucho más allá de los problemas para conciliar el sueño durante la noche, y también hay otro informe al respecto del Observatorio de Salud y Medio Ambiente de Andalucía; el exceso de ruido tiene importantes repercusiones sobre el metabolismo, las enfermedades cardiovasculares, el estrés y la ansiedad, entre otros. Sin embargo, a pesar de esto, la ordenanza municipal exime a los cuartelillos de cumplir con los límites sobre contaminación acústica marcados por la legislación autonómica.

Se me escapa por qué el Ayuntamiento hace una excepción con este tipo de locales y no les aplica el mismo tipo de reglas y exigencias que a otros establecimientos musicales (aislamiento acústico, doble puerta, etc.). No se trata de limitar a nadie su derecho a divertirse y disfrutar de las fiestas y de los tradicionales cuartelillos, sino de mostrar respeto por aquellas personas y vecinos, tan de Petrer como cualquier festero, que no desean tomar parte en estas actividades. Otro problema, a mi parecer, y del que no sé si el Ayuntamiento es consciente, es lo que está sucediendo en el casco antiguo de Petrer.

Personalmente me gusta mucho este barrio, con sus calles estrechas, sus cuestas y sus plazoletas escondidas. Tiene un cierto encanto que los modernos bloques de pisos o hileras de casas adosadas no pueden imitar. Pero vivir rodeado de cuartelillos es, para mí, una pesadilla. Y como a mí puede pasarle a muchas personas, especialmente a quienes se han criado en otros barrios, fuera del ambiente festero. ¿Quién querría mudarse a una casa donde, varias veces al año, vas a tener que marcharte o tirarte de los pelos por el ruido?

Cada vez se ve menos gente joven en el casco antiguo y zona centro fuera de eventos festivos. No llegan nuevos vecinos. Quedan los que quedan, los que no tienen inconveniente o no tienen otra opción. Y así la vecindad envejece, las casas quedan vacías y terminan convertidas en nuevos cuartelillos, entrando así en un círculo vicioso.

En mi modesta opinión, si se quiere rejuvenecer el casco antiguo es necesario invitar a nuevas familias jóvenes a acercarse a esta zona del pueblo, pero eso no se va a lograr mientras los cuartelillos sigan siendo una excepción a las normas de convivencia y respeto.

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