Calles raras

Calles raras

En nuestra población, de Este a Oeste, hay un montón de extrañas calles que surgieron cuando el Plan General de Ordenación Urbana era impensable.

Al margen del casco antiguo y de la zona histórica existen en Petrer calles que se pueden calificar como “raras”. Algunas de ellas muy extrañas. En lo que fue el centro del pueblo durante muchos años y donde se concentraban para pasear y relacionarse con los vecinos buena parte de los petrerenses, el Paseo de la Explanada (antes Camí dels Pasos y avenida José Antonio) existen dos curiosas calles.

Una, entre los números 25 y 27, en una pequeña cuesta que sirve de entrada a tres viviendas y un gran cuartelillo que anteriormente fue una fábrica de calzado –la de Planelles- ubicada en la parte trasera del garaje de Fernando Guillén que, posteriormente, se reconvirtió en el “pub” más famoso y concurrido de todo Petrer, el Metropol. El edificio Amalia, situado en el número trece de la misma vía, lo rodea otra extraña calle en la que tienen derecho de paso incluso vecinos del Carrer Nou, la que sube a la ermita de San Bonifacio.

Allí se ubica la Comunidad de Regantes y también se entraba a la sede de la Organización Juvenil Española que desde hace años se reconvirtió en un bar. Algo más arriba, camino del casco antiguo, a mitad de la calle San Vicente, se encuentra el Postigo. Una calle sin salida en la que hay varias viviendas y en la que hubo una fábrica de zapatos hasta mediados de los años sesenta.

Lo de las calles del Altico merece un reportaje especial por su particularidad. Al final de la cuesta de la calle Calvario, la que sube a la Foia desde las inmediaciones del Parc 9 d´Octubre, hay una calle muy extraña que prácticamente nadie conoce porque no lleva a ninguna parte. Solamente acceden a ella los vecinos que allí viven, casi todos ellos descendientes de los primeros inmigrantes procedentes de La Mancha que llegaron a Petrer en la década de los años cincuenta.

No lejos de esta zona existe otra vía de comunicación muy curiosa. Se trata de un pequeño callejón sin salida que se desvía de la avenida de Salinetas, junto a la Cristalería Higinio, y se adentra hacia la izquierda. Hay pocas casas pero casi todas ellas ocupadas y algo más abajo, junto al gran edificio donde hace años se ubicaba la fábrica de bolsos INREMA, se encuentra la calle Velázquez que a los pocos metros de entrar en ella hace un giro a la derecha y nos encontramos con casas de planta baja enfrentadas a un gran edificio de cuatro plantas sin salida a la calle San Francisco de Asís, la que une la avenida de Hispanoamérica con la calle Dámaso Navarro.

Todo este conjunto de viviendas que hemos referido son producto de la inmigración y de una falta de planificación urbanística. Se construía allí donde había un solar a la venta. Sin ningún tipo de planificación. En mucha menor medida ocurrió lo mismo en varias zonas de la parte Oeste de la población que, posteriormente, se denominó como La Frontera. Cerca de la Cooperativa Agrícola, que antes estaba muy apartada del núcleo urbano, hay una calle sin salida frente a la c/Aragón.

La zona era de viviendas de planta baja auspiciadas por la Cerámica Millá ubicada en lo que hoy es el Mercado de La Frontera. La calle Valencia también es rara pero desde hace años la remodelaron, en su parte más “extraña”, y la reconvirtieron en un pequeño jardín muy concurrido ahora. La calle Pinoso linda con la antigua fábrica de Calzados Lito. Hoy con las marcas Qualicraft y Petrel 92.

Es una callejuela muy extraña, pequeña y en la que pasan vehículos a duras penas en un solo sentido. La población de Pinoso se merece el nombre de otra vía de comunicación mucho más normal.

La ciudad pinosera es mucho más digna y las autoridades actuales deberían de dignificar mucho más a este pueblo tan querido por los petrerenses y en la que viven gran cantidad de personas originarias de Pinoso y sus descendientes. El final del Camino Viejo de Elda, junto al término de la vecina ciudad, es una zona muy extraña y sin ningún sentido. Una especie de vericueto que en su día intentó dejar “bien claro” dónde terminaba un pueblo y empezaba otro.

Lo mismo ocurre en los alrededores de la plaza de América en cuyas inmediaciones se dividen los territorios de las dos ciudades. Aquello es un sinsentido. Calles sin salida, callejones estrechos y casas que no se sabe si son de un pueblo o de otro. Ahora, las calles más extrañas de todo Petrer están en lo que antes era la periferia: el barrio de San José y el de San Rafael. En el de San José se construyó hace ya muchos años una calle en medio de la huerta, en la partida de L´Almafrá Baixa.

La inmensa mayoría de los petrerenses no lo conocieron pero allí estaba –y está- aunque, en la actualidad, jalonada por grandes chalets y viviendas adosadas. El barrio de San Rafael surgió poco más o menos en la misma época, al socaire de la inmigración y totalmente apartado del casco urbano, entre los cementerios de Petrer y Elda. Es mucho más grande pero el lío de vías de comunicación es una constante en toda la zona. 

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